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Las conclusiones ayudan en un largo debate acerca de si la
comunicación de tal información causa un daño psicológico duradero,
al menos entre las personas con un historial familiar de
mal de Alzheimer, dijo Scott Roberts, investigador en la Escuela de Salud
Pública de la UM y coautor de las conclusiones del estudio que se publican
en la revista New England Journal of Medicine. Las personas con un historial
familiar ya corren un riesgo mayor que se incrementa si también son portadores
de cierta versión del gen llamado apolipoproteína E (APOE).
Roberts y sus colegas en la Universidad de Boston, la Universidad Case
Western Reserve y el Colegio Médico Cornell estudiaron a 162 personas
con padre o madre afectados por el mal de Alzheimer, lo cual significa que su
riesgo para el desarrollo de la enfermedad a los 85 años de edad es de alrededor
del 30 al 35 por ciento, comparado con un riesgo del 10 al 15 por ciento
para la población en general.
Después de una sesión educativa acerca del mal de Alzheimer y la prueba
genética, los investigadores estudiaron a los sujetos por su genotipo APOE para
saber si eran portadores de esa variante genética. La presencia del gene incrementa
a más del 50 por ciento el riesgo para aquellas personas con un historial familiar
de Alzheimer. En el caso de los sujetos que no aceptaron los análisis,
asesores genéticos especialmente instruídos, revelaron después los resultados y
los investigadores hicieron durante un año un seguimiento de los participantes para
determinar el impacto de la información sobre los riesgos.
Los investigadores midieron la ansiedad, la depresión y el malestar relacionados
con las pruebas después de seis semanas, seis meses y un año. El malestar relacionado
con las pruebas, sí aumentó levemente a las seis semanas en las personas que tenían
la forma de gen que aumenta el riesgo, pero eso no se percibió a los seis meses o un
año después, dijo Roberts. Los niveles de ansiedad y depresión se mantuvieron estables.
“Algunas personas pueden decir ´Pienso mucho aceca de esto’, pero eso no se
tradujo en una depresión o ansiedad a largo plazo”, señaló Roberts. “Las conclusiones
muestran que si uno comunica esta información genética, el asesoramiento genético
puede ser un componente importante para asegurar que la mayoría de las personas no
responda con un malestar significativo”.
“Los asesores genéticos ayudan a poner en contexto los resultados
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