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de las pruebas de
manera que las personas entiendan el significado y los límites de esos resultados”, dijo
Roberts. Por ejemplo, a los participantes con un riesgo del 55 por ciento a lo largo de sus
vidas los consejeros les experimentaron que había un 45 por ciento de probabilidades de
que jamás desarrollasen la enfermedad.
El vínculo entre la APOE y el mal de Alzheimer se identificó en la década de los años
1990 y, tradicionalmente, la comunidad médica no está a favor de que se comunique a los pacientes
el genotipo de APOE u otros marcadores genéticos, a menos que esa información
tenga un impacto directo en el tratamiento clínico, indicó Roberts. Sin embargo ahora que hay
compañías privadas que ofrecen los exámenes genéticos para la detección de una variedad
de condiciones, el debate sobre utilidad clínica versus beneficio personal se acentúa.
Algunos argumentan que es paternalista decir a las personas qué información pueden o no
pueden conocer acerca de su propio genoma, añadió. Es importante señalar que después de la
sesión educativa inicial el 20 por ciento de los sujetos optó por eximirse de la prueba real, lo
cual significa que la mayoría prefirió conocer esa información.
“Yo pienso que la mayoría de los hijos adultos de pacientes con Alzheimer estaría a favor del
derecho, al menos, de que se les dé la opción”, dijo.
Roberts condujo su investigación cuando estaba en la Universidad de Boston, y vino a trabajar
en la UM en 2006.
Roberts es el segundo autor del artículo, titulado “Disclosure of APOE Genotype for Risk of
Alzheimer’s Disease” y es coinvestigador principal de Risk Evaluation and Education for Alzheimer’s
Disease (REVEAL), una serie de pruebas clínicas al azar para el examen del impacto de un programa
de prueba de susceptibilidad genética para hijos adultos de personas con el mal de Alzheimer
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