Publicado el 08-13-2009
La Entrega De Los Premios ACE |
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Juan Orol?, Sí, el mismísimo gallego-cubano-mexicano, que incursionó en el cine y en otros menesteres, tales como mecánico, corredor de autos, pícher de béisbol, boxeador profesional, torero, galán de obras de teatro y hasta policía secreta; en Cuba y en México. Nacido el 4 de agosto de 1897, hijo de una familia más o menos acomodada (su padre era comandante del ejército), decide muy joven, partir hacia La Habana, donde continúa su educación con dificultades. Luego viaja a Veracruz, México, pero al no adaptarse al país, regresa a Cuba. A los 20 años, Orol vuelve a México y con el transcurso del tiempo, es incorporado como galán en un papel secundario, en la cinta de 1934, “Sagrario”, junto a Consuelo Moreno, quién se convertiría en su primera “musa” cinematográfica. Después, todo resultó algo más fácil. Su primer éxito fílmico como realizador, “Madre querida” en 1935, y su creación de productos tropicales, mezcla de fatalismo antillano y virginales “femme fatales”. A la Moreno le siguieron en este orden: María Antonieta Pons, Yadira Jiménez, Rosa Carmina, Bertha Montesinos, Elisa Araujo, Mary Esquivel, y Dinorah D’Orgaz o Dinorah Judith. Todo este ir y venir, trabajar, dirigir, producir, descubrir y actuar de este inquieto hombre, despertó el interés de la cinemateca de Cuba, (ya era hora), en colaboración con la filmoteca de la Universidad Autónoma de México, los Cinemas Lumiere, y las embajadas de España y México, donde hace unas semanas se presentó en el Cine Chaplin “Habanero”, un ciclo de 18 películas de este versátil autor cinematográfico, cuyo vilipendiado arte fue por mucho tiempo motivo de burlas, risas y desprecios. Los títulos que las audiencias habaneras disfrutaron durante ocho días fueron: “Madre querida”, “El calvario de una madre”, “Siboney”, “Pasiones tormentosas”, “Tania, la bella salvaje”, “El charro del arrabal”, “Gansters contra charros”, “Amor salvaje”, “Sandra, la mujer de fuego”, “La diosa del Tahití”, “La mesera del café del puerto”, “El infierno de los pobres”, “Perdición de las mujeres”, “Hombres sin alma”, “La tórtola del Ajusco”, “Bajo el manto de la noche”, “Antesala de la silla eléctrica” y “El fantástico mundo de los hippies”. Para concluir, recordamos una frase casi universal del gran actor cubano Leopoldo Fernández “Tres patines”: “Que cosssssa más grande caballeros”. |
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