Luis Velasco
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Luis Velasco
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Luis Velasco
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usan para evadir el
estar en grupos usando pretextos como el decir
que no les gusta estar en grupos porque una de las
cosas que más detestan es el estar en un ambiente
de chismorreo. Nada, que no hay que tener el
susodicho síndrome de Asperger para huirle a
ciertos grupos, como no hay que estar enfermo
de tuberculosis para tener ataques de tos’ y
puede ser que esta sea solamente producto de
una bronquitis.
Yo le he dado cuarenta vueltas a este rollo de
sentirme solo rodeado de gente ajena a mi y lo
que pienso –sin ser sicólogo, sino alguien que
quiere usar un poco el cerebro para mejorar sus
relaciones humanas y al mismo tiempo ser más
feliz– es que puede ser que yo no tenga espíritu
de congregación o que la congregación en
cuestión no sea de mi agrado y eso me haga
guardar cierta distancia. Lo que sí tengo claro, es
que quién no sabe manejar este tipo de situación
magistralmente, vive una gran desventaja con el
que logra poner estos desesperantes momentos
bajo control.
Pero hay algo que sí podemos hace,r y que no
es un truco, sino más bien un derecho, y es el de
poder escoger. Pero hay que tener bien claro
cuando tenemos la posibilidad de hacerlo. Si
siempre pudiésemos escoger, otro gallo cantaría;
porque ese privilegio es una de las mayores limitaciones
que tenemos los seres humanos. Al final,
la gran mayoría de las veces, hay que morder el
cordobán, ya que son muy pocas las oportunidades
en la vida en que podemos darnos ese
lujo. Fíjese nada más en estos ejemplos que les
doy a continuación y no me diga que no estamos
limitados:
1.Como no podemos ordenar la familia, tenemos
que aceptar la que nos toca… como una
prima neurótica, un cuñado fanfarrón, un sobrino
malcriado, una suegra problemática o una
tía pretenciosa, etc.
2.Como no podemos diseñar los hijos, tenemos
que aceptarlos como vienen al mundo; y más
tarde empujarnos al yerno sin modales o a la
nuera insoportable que –porque tienen todo
el derecho del mundo– ellos hayan escogido
aunque a nosotros no nos gusten para nada.
3.Como no podemos mudarnos cada vez que
no nos guste una vecina, tenemos que evitarla
y, muchas veces, esquivarla a tal
extremo que el proceso se nos puede convertir
casi en un trabajo.
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