Luis Velasco
|
|
Luis Velasco
|
|
|
Luis Velasco
|
|
Ustedes no se imaginan cuántas veces
me he encontrado rodeado de personas
y, al mismo tiempo, me he sentido
más solo que una ostra. Lo peor de
todo es que eso me ha sucedido un
millón de veces y siempre he terminado haciéndome
la misma pregunta: ¿Qué estoy haciendo
yo aquí con esta gente que no tiene nada que ver
conmigo? Entonces, cuando a punto de la desesperación
y de un ataque de asfixia, he estado
listo para salir volando como un cohete a la luna,
me he frenado en seco, tratando de sobreponerme,
y fingiendo una de esas sonrisas que más
bien parecen una mueca. Después, sin que nadie
se dé cuenta, he tomado aire y allí mismo me he
empezado a dar una sesión de autoterapia intensiva,
haciendo además, una fuerte abstracción
mental donde logro verme caminando por una de
las estrechas calles de algún pueblo blanco de
Andalucía. Más tarde siempre término haciéndome
la misma promesa: esto de estar con seres
que no me interesan, no me va a volver a pasar.
Pero nada, ya sabemos que una de las especialidades
del ser humano es tropezar de nuevo con la
misma piedra (como dice la canción de Julio
Iglesias) y catapún… al cabo de un tiempo, nuevamente
estoy rodeado de toda la gente de este
mundo que no me interesa y haciéndome la misma
promesa: “esto a mi no vuelve a pasar”.
Yo estoy casi seguro que a ustedes también les
ha pasado lo mismo más de una vez. ¡Claro que
les ha pasado! Pero no se preocupe, junto con
usted y conmigo –en el mismo bote– está el resto
de la humanidad, porque eso le ha sucedido a
todo el mundo en mayor o menor medida. Y es
que el estar rodeado de personas, no quiere decir
que estemos acompañados, y mucho menos…
bien acompañados.
Esto de no sentirse cómodo en compañía de
ciertas personas y preferir estar solo que rodeado
de un circo que no es el de uno, porque la realidad
es que cada cual tiene su propio circo; no
tiene nada que ver con una condición mental
conocida como síndrome de Asperger en el que
las personas que lo padecen son incapaces de
reaccionar con normalidad hasta en su propio círculo
social. De hecho crean sus propios mecanismos
de autodefensa y se amparan en un código
moral que se inventan y que
...
|