Machu Picchu
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Machu Picchu
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Pilar M. Sanchez
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La ciudadela de Machu Picchu, que era llamada
"El Templo de las Ventanas" por el
cusqueño Agustín Lizárraga, el original
descubridor del sitio arqueológico Inca, es milenaria
y no deja de hacer historia.
Recientemente fue elegida como una de las
siete maravillas del mundo, convirtiéndose en el
único templo sagrado del tiempo del incanato
en ostentar tal título que hace emocionar a los
millones de peruanos del Perú y el mundo entero.
La mayoría de los arqueólogos modernos e
historiadores coinciden en que Machu Picchu fue
construida por el Inca Pachacútec, el más grande
estadista del Tahuantinsuyo, quien gobernó
desde 1438 a 1471. Presumen que su construcción
dataría del siglo XV, aproximadamente,
según la prueba del carbono 14.
La construcción de Machu Picchu corres-
ponde al momento en que el pequeño señorío
Inca comenzó a crecer. En esta zona se libró la
última batalla que definió la victoria sobre los
Chancas, triunfo que cubrió de prestigio y
otorgó el poder a Pachacútec.
Este Inca fue el primero en salir más allá del
valle del Cusco luego de su épica victoria sobre
los chancas y quien efectuó la expansión del
Tahuantinsuyo. Se le reconoce como el "constructor"
del Cusco.
Construída como refugio de lo más selecto
de la aristocracia incaica, la fortaleza fue ubicada
en la vertiente oriental de la cordillera del
Vilcanota, a unos 80 km del Cusco, la capital del
imperio. Su estratégica situación geográfica fue
elegida con admirable acierto. Rodeada de profundos
acantilados y alejada de la vista de
extraños por una enmarañada selva, la ciudadela
de Machu Picchu poseía la cualidad de
tener una sola y angosta entrada, lo que permitía,
en caso de un ataque sorpresivo, ser
defendida por muy pocos guerreros.
La elección del sitio para levantar Machu
Picchu debió ser hecha con sumo cuidado, pues
era, y aún lo es, un lugar perfecto para levantar
un centro ceremonial. Se ubicaba, según el investigador
Antonio Zapata, en la cadena de montañas
más importante por su carácter sagrado,
que comienza en el Salcantay (el apu, espíritu
mayor) y termina en el Huayna Picchu. Era un
lugar privilegiado para observar el movimiento
de las estrellas y del sol, divinidades incaicas.
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